La Guajira

Si hay un destino colombiano que encierra los significados de exótico, recóndito y místico es sin duda La Guajira, el extremo más septentrional de América del Sur que en sus desérticos paisajes conjuga dunas, sierras, salinas, flamencos, tortugas, iguanas, cactus, rancherías, chinchorros, playas, manglares y lagunas que respiran sus interminables vientos secos.

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Si bien la intención de mis posts es promover y mostrar las maravillas de Colombia e inspirar a los viajeros, también es el de brindarles información acertada y real. En este sentido debo contarles que más allá de la riqueza cultural y natural de La Guajira, este es uno de los departamentos más pobres del país, esto es algo que no podremos ignorar ni evitar en un viaje a la región. Desde mi lugar trato de viajar de manera responsable y lo más sustentable posible: cuidar el agua (este es un gran problema en la zona), cuidar el medio ambiente (verán que sobre todo en Cabo de La Vela está bastante degradado), comprar local (ver mi recomendación sobre las mochilas wayúu) pero principalmente ir con la mente y el corazón abiertos y respetuosos para conocer nuevos sabores, historias, costumbres y realidades.

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Mi vida en Colombia me dio dos veces la oportunidad de recorrer La Guajira, en 2015 fui a la Alta Guajira (Cabo de la Vela y Punta Gallinas) y en 2018 a la Media Guajira (Palomino y La Punta de los Remedios). Les dejo entonces las crónicas con todos los tips para los dos destinos.

Cabo de la Vela y Punta Gallinas: el lado aventurero

Eran finales de noviembre y en la Costa Caribe la famosa “brisa loca” empezaba a soplar, dejando cielos despejadísimos y brillantes. Una de mis amigas de Argentina estaba de visita por tercera vez en Colombia, por lo que pensamos conocer un destino que sea nuevo para las dos. Con sólo una mochila/morral pequeña tomamos el vuelo de una hora y media desde Bogotá a Riohacha, capital del departamento de La Guajira, donde llegamos un domingo soleado a las 2 de la tarde y sin nada planeado.

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De repente nos encontramos caminando por la avenida que rodea el malecón de Riohacha buscando algo que nos lleve a Cabo de la Vela. Encontramos un servicio en auto compartido hasta Uribía “capital indígena de Colombia”. El transporte nos dejó en la calle de la plaza de mercado, y aquí empieza la parte que solo te recomiendo si realmente no te importa la comodidad en los viajes, o querés vivir la experiencia bien como local. Desde la plaza salen camionetas con caja/platón hasta Cabo de la Vela, que nos cobraron $25.000 pesos colombianos a cada una. El problema de este transporte es que las camionetas van cargadísimas y con esto quiero decir que no importa si no hay más lugar, se siguen subiendo pasajeros y mercadería, lo que te deja apretado en un rincón durante alrededor de 5 horas que dura el viaje por las huellas del desierto. El paisaje es hermoso, la experiencia bastante incómoda.

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Si uno planifica con tiempo puede contactar el servicio de camionetas 4×4 que te llevan desde Riohacha en alrededor de 3 horas, lo que vuelve el viaje mucho más placentero. No es recomendable hacer este camino de manera independiente, la realidad es que se necesita de un guía local que conozca el desierto y se sepa orientar, no hay carreteras ni señalización y si es temporada de lluvias se suma la dificultad del terreno que exige un vehículo 4×4.

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En Cabo de la Vela las opciones de alojamiento son bastante básicas, hay que tener en cuenta que en La Guajira lo tradicional es dormir en hamacas o chinchorros en las rancherías, la vivienda típica de la zona. Como el destino se ha vuelto cada vez más turístico, las rancherías ahora ofrecen habitaciones con baño. La Ranchería Utta es una buena opción en este caso, dispone de habitaciones con baño, zona de chinchorros con baños compartidos, restaurante y tienda. Otro hospedaje que me recomendó una amiga es el Hostal Apalanchii, en donde también podés elegir dormir en hamacas o en habitaciones con camas y baño privado y enfrente a la playa. Considerando que uno llega a Cabo de la Vela por la tarde, recomiendo quedarse 2 noches y 3 días, y el tercer día bien temprano salir para Punta Gallinas.

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¿Qué hacer en Cabo de la Vela?

  • Si te gustan los deportes acuáticos, Cabo de la Vela es el lugar ideal para hacer kitesurf y windsurf. Una gran bahía sin olas pero con las brisas ideales para esa práctica.
  • Ver el atardecer en el faro: por la ubicación geográfica y los colores del desierto, es una de las mejores puestas del sol del mundo.
  • Subir al Pilón de Azúcar: desde Cabo de la Vela te llevan en moto hasta esta colina, 15 minutos caminando a la cima y la mejor vista panorámica de La Guajira: múltiples tonos de azules y naranjas repartidos en un impresionante paisaje que se funde en el mar.
  • Bañarte en la playa del Pilón de Azúcar: no es la típica playa tranquila del Caribe, en La Guajira todo es más extremo, pero vale mucho la pena para recagarse de energía y sobretodo si tenés la suerte de que se instale alguna tienda con cerveza fría.

De Cabo de la Vela a Punta Gallinas hay 132 kilómetros de distancia, que se hacen en alrededor de 5 horas y 30 en auto o en 2 horas y 30 en lancha, pero antes de tomar esta decisión leé lo que sigue.

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Punta Gallinas, el extremo más septentrional de la América del Sur continental, es para mí el destino que justifica todo este largo viaje. A nosotras nos ofrecieron el viaje en lancha, que sinceramente no se lo recomiendo a nadie. Si miran otras guías de este destino, todas advierten que la ida es movida y el regreso más calmo, pero ninguna avisa que la navegación no parece suspenderse por tormenta eléctrica en el medio del Caribe. Para nosotras fue una experiencia bastante traumática y ninguna de las dos la repetiríamos. Y aclaro: viajar por Colombia tiene ese toque exótico, rústico y hermosamente incómodo, que siempre te deja muy tatuada la sensación de estar vivo, pero no estoy de acuerdo con que para vivir eso haya que pasar peligros por falta de planeación y ausencia de controles o medidas de seguridad cuando se trabaja con personas.

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Habiendo aclarado esto, y como siempre después de la tormenta llega la calma, la llegada a Punta Gallinas nos recibió con una espectacular tarde soleada. Nos alojamos en la Ranchería Alexandra cuyo fuerte es la atención y la comida deliciosa (recomendada la langosta). El plan incluía todo, es decir el transporte, las comidas y algunas excursiones. Y sí, tal como dicen las guías, el regreso a Cabo de la Vela a la madrugada del otro día fue perfecto, el mar calmo acompañando la lancha que avanzaba rápidamente mientras salía el sol al lado nuestro.

¿Qué hacer en Punta Gallinas?

  • Hacer la excursión en lancha para ver los flamencos.
  • Ver el atardecer en la playa Punta Agujas.
  • Ir al Faro de Punta Gallinas, que marca justamente el extremo más al norte de América del Sur.
  • Ir a las Dunas de Taroa que inmensas e impolutas, descienden en grandes toboganes al océano.
  • Probar el chivo y, si hay oportunidad, la langosta.
  • Comprar una mochila wayúu directamente a sus hacedoras (preguntar en la ranchería dónde pueden ir).

Punta Gallinas es, a mi modo de ver, mucho más auténtico que Cabo de la Vela y merece totalmente la pena tomarse el tiempo de llegar hasta allá.Si bien esta es la región más seca de Colombia, lo ideal es evitar el período entre septiembre a diciembre que es temporada de lluvias y llegar en camionetas a la Punta puede convertirse en una verdadera odisea de un día de viaje. Si bien podés contactar una camioneta que te lleve a Punta Gallinas estando en Cabo de la Vela, si preferís ir con todo organizado Guajira Tours es una de las empresas recomendadas que organiza planes a estos destinos.

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La Punta de los Remedios: el lado romántico

No quiero confundirlos, La Guajira es inhóspita, caliente, ventosa, desértica y rústica, es decir que no es el prototipo de destino romántico de playas cristalinas y suaves brisas. Pero si para ustedes el lujo es descansar en una playa solitaria, dormir en habitaciones en el medio del desierto con persianas entreabiertas por donde entran los vientos que soplan en las noches de diciembre y enero y comer comida típica, que en estos parajes puede ser una deliciosa pesca del día, La Punta de los Remedios es una excelente opción.

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Aún desconocida por las multitudes (y espero no estar atentando contra la tranquilidad que todavía reina), con solo tres lugares para hospedarse y a muy poca distancia del aeropuerto de Riohacha, este destino se convierte en un tesoro escondido para quienes lo descubren.

A La Punta de los Remedios se puede llegar de dos maneras:

  • Desde Santa Marta: son 116 kilómetros por la Troncal del Caribe hasta Dibulla. Desde el mercado de Santa Marta podés tomar un bus con destino a Riohacha e indicarle al conductor que te deje en Dibulla, donde hay que desviarse hacia la izquierda y recorrer alrededor de 9 kilómetros más hasta La Punta. Esto se puede hacer en un mototaxi o en taxi desde Dibulla.
  • Desde Riohacha: Dibulla queda a alrededor de 53 kilómetros de Riohacha y se puede llegar tomando un taxi desde el aeropuerto (opción más costosa pero que te permite llegar hasta La Punta sin cambiar de transporte) o ir a la terminal y tomar un bus (opción más económica, preguntar al conductor si para el Dibulla), y al llegar a Dibulla tomar un mototaxi. Algunos hoteles ofrecen el servicio para recoger a los huéspedes, solo hay que avisarles con anticipación.

  • Si vas en tu propio carro (en esta parte sí podés hacerlo), te recomiendo que pares en Palomino y pruebes las pizzas en La Frontera o te tomes un café de la Sierra Nevada en cualquiera de sus barcitos para recargar energías y hacer los 36 kilómetros que restan hasta Dibulla. También podrías quedarte una noche en Palomino, destino ideal para mochileros y grupos de amigos que quieren playa y diversión. Yo fui en temporada alta y si bien me pareció que tiene un lindo ambiente, los carros pueden entrar casi hasta la playa, lo que interrumpe la caminata de los peatones y rompe un poco la vibra ecoturística que tiene el lugar. Otro detalle es que si bien la playa en Palomino forma un paisaje hermoso, es muy peligrosa para meterse. Por eso la mayoría elige hacer tubing en el río, actividad súper recomendada en la que flotás en un neumático un buen trecho de la bajada del río Palomino hacia el mar. Palomino está lleno de hostales y posadas, así que podés buscar la que más se ajuste a tus gustos.
  • Si es temporada baja (en temporada alta hay mucha gente) también podés aprovechar para entrar a Buritaca y bañarte en el río cristalino justo en su desembocadura al mar. Caminando por la orilla hacia el sur hay hermosas y solitarias playas.
  • En cualquier caso, la entrada a la playa de la Punta de los Remedios en época de lluvias requiere de un vehículo apropiado porque el camino es una huella sobre la arena y en un carro normal es posible enterrarse.

¿Dónde alojarse en La Punta?

Los tres lugares disponibles para hospedarse son atendidos por sus dueños y los precios no son tan disímiles entre uno y otro, pero para ayudarlos a elegir les dejo una pequeña descripción:

  • Playa Kai Glamping: enfrente a la playa y en lo alto de un acantilado, 4 cabañas inspiradas en el estilo guajiro, sencillas pero con mucha atención al detalle y un menú delicioso para disfrutar en su “restaurante” al aire libre. Aunque no te alojes aquí recomiendo reservar una cena con el sonido del mar de fondo y la tenue luz de los faroles.
  • Coccoloba Beach: ambiente familiar y sencillo con atención personalizada, ideal para familias o grupos de amigos. Fue también el más económico de los tres.
  • Awatawaa Ecolodge: cabañas construidas totalmente en madera y enfrente a la playa, ambientadas en un estilo rústico y chic que las vuelven únicas.

¿Qué hacer en La Punta de los Remedios?

Literalmente este es un destino para descansar: caminar por la playa y disfrutar de la increíble panorámica que se tiene de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Ver el atardecer y las noches de luna llena, hacer un minitrekking hasta la laguna natural para ver las mil especies de aves (flamencos incluidos) y otros animales (culebras incluidas), disfrutar del living frente a la playa y de una ducha al aire libre en Awatawaa Ecolodge, desayunar un conjuro de lulo, almorzar un ceviche y cenar pescado frito con arroz con coco en Playa Kai, hacer una fogata en la playa o leer un libro en las hamacas de Coccoloba Beach.

Espero que les sea útil la información, para complementarla les recomiendo que miren la película “Pájaros de Verano” (2018) y ya saben que si quieren una guía personalizada me la pueden pedir.

Hasta la próxima!

Mechy

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